lunes, 20 de agosto de 2012

the pacific

Aquel libro olvidado de la estantería que un día te llama con su polvo sacudiendo el aire de la habitación, dejando marcada la suciedad del que ignora una historia o un nuevo pensamiento. Su portada, llena de belleza reflejada en su propia antítesis cuya existencia marca la necesidad de lavar todo aquello donde marca su estancia; sus páginas encogidas por los años, con millones de diferentes olores y marcas que indican que tiempo atrás se correspondieron con fuente de grandes palabras.

Yo cogí ayer mismo ese libro, más bien hace tres días, pero no fue hasta ayer que me di cuenta. Ante la extraña necesidad que te invade de encontrar algo nuevo, de salir de ese algún sitio donde te encuentras, decides acudir a ese mundo abierto de leyendas e imaginación que siempre ahogaban cualquier sentimiento o emoción en un ajetreo de vidas y lugares que pasaban a ser míos y así yo pasaba a ser de ellos. En este caso el libro fue lo suficientemente real como para vivir conmigo y por una vez no ahogar nada. Son cambios que sabes que algún día pensando recordaras cómo..."aquellos días...haha, claro que sí, claro que sí...como olvidarlos" porque te quitan el polvo, porque te cambian del final de la estantería al primer lugar, sustituyendo   a aquella otra historia como la primera, porque llena tus páginas de nuevas y mejores marcas. Es la misma vida, el mismo libro, pero le hemos cambiado la imaginación y la interpretación.

Aquel hombre vió su destino, y actuó en consecuencia.